Observar una pasarela también es aprender a leer lo que comunica

Las docentes de DC - Escuela de Imagen, Leila y Vanina, participaron de Argentina Fashion Week en representación de la escuela. Y aunque una pasarela suele pensarse como un espacio para mirar diseños, tendencias y espectáculo, también puede convertirse en algo mucho más interesante: una oportunidad para observar qué comunica hoy la moda, qué imagen de belleza sigue circulando y qué lugar se le da, o no, a la diversidad real de cuerpos, rostros, colores, texturas y formas de habitar la imagen. 

 

Esa fue una de las grandes riquezas de esta experiencia. No se trató solo de asistir a un evento importante dentro del universo de la moda. Se trató de mirar profesionalmente, de leer con criterio y de traducir lo observado en preguntas, reflexiones y aprendizajes que también forman parte de una formación seria en imagen. 


Porque en DC - Escuela de Imagen sostenemos algo con claridad: la imagen no se aprende solo desde la teoría. También se aprende entrenando la mirada. 

 

Desde ese lugar, hubo una impresión compartida: la moda sigue teniendo una enorme capacidad para impactar, emocionar y contar historias visuales. Tal como escribió Vanina, hay experiencias que no solo se viven, se sienten en el cuerpo y quedan grabadas en la memoria. La semana de la moda tuvo, para ella, esa potencia. Las texturas, las caídas de las telas, los bordados y las transparencias hablaban por sí solas. 

 


Pero en un evento de estas características, la admiración estética convive muchas veces con la observación crítica. Se puede reconocer la belleza, el trabajo y la construcción visual, y al mismo tiempo detenerse a pensar qué se está mostrando, cómo se está mostrando y desde qué idea de imagen se sigue comunicando. 

Eso fue lo que hicieron Leila y Vanina.

Desde su mirada como estilista y profesora de visagismo, Leila puso el foco en algo que muchas veces queda desplazado: el cabello también forma parte del estilo y del enfoque total. Aunque no siempre sea el centro de atracción en una pasarela, sí completa la imagen, suma mensaje y construye identidad visual. 

 

Su observación fue muy clara: hubo muy pocas modelos, contadas con una mano, con cortes de cabello corto, rulos y cabello natural. Lo que predominó fueron colores muy básicos y opacos, peinados chatos, con poca definición, pocas texturas visibles —rulos, ondas, frizz— y una repetición de estándares de belleza que no condicen con el común de la gente. Lacios rectos, rubias o morochas, pero casi sin presencia de tonos cálidos ni otoñales, incluso en una época del año en la que esos matices podrían aportar muchísimo visualmente. 


Su reflexión no parte del capricho ni de la crítica vacía. Invita a pensar por qué, si la moda tiene tanta capacidad para crear y proponer, sigue a veces eligiendo una paleta tan limitada en algo tan expresivo como el cabello. También notó algo interesante en el público asistente: aunque en menor medida, sí aparecían otras intenciones, más textura, más color, más ganas de mostrar otro estilo. 

 

Ahí aparece una idea central de su mirada: estaría bueno mostrar más opciones y darle al público la posibilidad de elegir, en lugar de imponer siempre las mismas fórmulas. Abrir la paleta de colores y texturas permitiría construir una imagen más real, más tangible y más amplia. 

Vanina, por su parte, llevó la observación hacia otro eje igual de importante: el cuerpo. 

 

En medio de tanta belleza, de tanto detalle y de tanta potencia visual, hubo algo que la hizo detenerse a mirar con más profundidad: predominaron, una vez más, los cuerpos extremadamente delgados. Y ahí surgió la pregunta que atraviesa gran parte de su reflexión: ¿para quién estamos diseñando? 

 

Porque mientras admiraba muchas de esas prendas, no podía dejar de pensar: “Qué hermoso… pero yo no entro ahí”. Y esa frase, aunque personal, representa una sensación colectiva que muchísimas mujeres siguen teniendo frente a ciertos discursos visuales de la moda: admiración por lo que ven, pero distancia respecto de la posibilidad de habitarlo. 

 

Su reflexión también es clara: la moda todavía tiene un gran camino por recorrer en términos de representación real. Necesitamos pasarelas que abracen la diversidad, que muestren cuerpos auténticos, cuerpos posibles, cuerpos que existen en la vida cotidiana. 

 


Aun así, también encontró recursos interesantes para pensar: recortes, transparencias y juegos de telas que parecían buscar no solo impacto, sino también armonía. Diseños pensados estratégicamente para destacar la cintura, acompañar la figura y potenciar la belleza natural de cada mujer en lugar de imponerle una forma. 

 

Ahí aparece otro punto fuerte de su mirada: sentirse representada en una moda que no excluye, sino que incluye. Que no limita, sino que potencia. Que no impone, sino que interpreta. 

Y quizás ese sea el gran punto de encuentro entre ambas miradas. 

Aunque Leila observó el cabello, la textura, el color y el marco del rostro, y Vanina observó siluetas, proporciones, recortes y representación corporal, las dos llegaron a una reflexión muy similar: la necesidad de ampliar la imagen de belleza que se sigue mostrando. 

 

No desde el ataque ni desde la descalificación. Sino desde una mirada profesional, sensible y reflexiva que se anima a decir: todavía podemos mostrar más, incluir más y representar mejor. 

Ahí es donde esta experiencia se vuelve especialmente importante para DC - Escuela de Imagen. 


Porque lo valioso no fue solo que nuestras docentes hayan estado presentes en un evento de esta magnitud en representación de la escuela. Lo valioso fue cómo estuvieron presentes: desde qué mirada lo leyeron, qué observaron y qué preguntas trajeron de vuelta. 

Hacia el final de esta lectura aparece además una diferenciación muy necesaria que aporta Daiana Capel, directora de la escuela. No todo lo que vemos en una pasarela responde a la lógica de la asesoría de imagen. Muchas de esas decisiones responden, en realidad, al universo de la producción de moda, donde el objetivo no es necesariamente que una persona se sienta representada o favorecida, sino que el diseño comunique un concepto y funcione dentro de una puesta visual determinada.

 

 

Entender esa diferencia es clave. La asesora de imagen trabaja con personas reales, con cuerpos reales, con búsquedas, deseos e inseguridades reales. Su tarea no es imponer una imagen, sino acompañar a construirla. La producción de moda, en cambio, arma escenas, conceptos, campañas y narrativas visuales. No son mundos opuestos, pero tampoco son lo mismo. 

 

Y en DC enseñamos justamente eso. 

 

 

Por eso, experiencias como esta también reafirman el sentido de nuestras formaciones. Tanto el Curso de Asesoría de Imagen Personal Femenina como el Curso de Producción de Moda forman parte de nuestra propuesta porque creemos que la imagen necesita profesionales capaces de mirar con profundidad, diferenciar contextos y construir criterio. 

 

En definitiva, la participación de Leila y Vanina en Argentina Fashion Week dejó mucho más que registros de un evento. Dejó una lectura. Una lectura sensible, profesional y necesaria sobre lo que hoy muestra la moda y sobre lo que todavía vale la pena seguir pensando. 

 

Porque observar una pasarela también es aprender a leer lo que comunica. Y porque enseñar imagen, para nosotras, también es enseñar a hacerse preguntas. 

¿Qué pensás vos sobre lo que hoy muestran las pasarelas? ¿Sentís que la moda representa mejor a las personas reales o todavía queda camino por recorrer?

Y si esta forma de mirar la moda, la imagen y la representación conecta con vos, en DC - Escuela de Imagen podés formarte desde una perspectiva profesional, humana y actual. 

 

Nuestro Curso de Asesoría de Imagen Personal Femenina está pensado para quienes quieren aprender a acompañar a otras personas desde el estilo, la silueta, el color y la identidad, sin caer en fórmulas vacías ni en mandatos que limiten. Y nuestro Curso de Producción de Moda está orientado a quienes desean desarrollar una mirada creativa y estratégica para construir imágenes, conceptos y propuestas visuales con sentido. 

 

Porque en DC no formamos profesionales para repetir reglas. Formamos profesionales para observar, interpretar, acompañar y transformar desde la imagen.